El caso de Palomares (Almería) es un ejemplo más de lo que conocemos como “tarde, mal y nunca”. ¿Por qué los americanos eligieron ese territorio tan pobre, cuyos habitantes eran gente poco interesada en temas políticos, para el abastecimiento de sus aviones en vuelo? Se supone que fue porque los habitantes de Palomares no pondrían pegas por ello, pero al producirse un accidente nuclear, el tiro les salió por la culata. A día de hoy los vecinos siguen protestando por ese fortuito incidente y por la mala gestión que EE UU tuvo a la hora de reparar los daños.
Tres de las cuatro bombas cayeron en la tierra y fueron recuperadas pronto, mientras que la cuarta cayó en el mar y costó cerca de tres meses encontrarla. El gobierno norteamericano ocultó, durante los primeros días, que dichos aviones llevaran cargas nucleares, se negaron a hacer cualquier tipo de declaración al respecto; el gobierno español también tomó la callada por respuesta, y al final, por unos o por otros, la casa sin barrer, nadie informaba al pueblo afectado.
20 años después, los vecinos de Palomares seguían haciéndose reconocimientos médicos, pactados en un protocolo de seguridad, para ver si su salud estaba afectada por las explosiones, e incluso reclamando compensaciones económicas.
Actualmente, según el alcalde actual de Palomares, quedan restos de contaminación bajo tierra, y pide al embajador de EE UU que limpie los terrenos en profundidad. Es triste que después de 45 años, aún no se haya solucionado del todo, de ahí el título de mi artículo: “Tarde, mal y nunca”.
Alexandra A. Gutiérrez