viernes, 4 de febrero de 2011

Sangre, sudor y lágrimas

La vida en los países árabes en estas últimas semanas es un caos: protestas, cambios de gobierno y manifestaciones, todo ello por razones políticas, económicas, religiosas.

Las revueltas y los enfrentamientos que se están dando, son el resultado de una mala gestión en el gobierno, el pueblo se echa a la calle para protestar y defender sus libertades ante un gobierno dictatorial que sólo mira por él mismo.

En el caso de Egipto, ¿a favor o en contra de Mubarak? Lo único que tengo claro es que los ciudadanos han alzado la voz, y lo que no es la voz, para protestar contra sus opresores. Pero Mubarak ha hecho oídos sordos y se resiste a abandonar el poder. Esto hace que los manifestantes se enfurezcan más y sigan con los ataques y las represalias, hartos de vivir 30 años en la misma situación.

A pesar de haber un gran número de muertos y heridos debido a la violencia que están empleando para hacerse oír, los ciudadanos no se darán por vencidos hasta conseguir lo que ellos consideran un gobierno justo.

El tema religioso está muy presente en esta revuelta, los laicos no quieren que los islamistas se hagan con todo el poder, porque consideran que la ley islámica es incompatible con un gobierno aceptable. El gran problema al que se enfrentan, es el crecimiento del fundamentalismo extremista y su relación con grupos como Al Qaeda, o inspirados en ellos, que hasta el momento han permanecido controlados gracias a las políticas llevadas a cabo por el gobierno: restricciones a la libertad de expresión, de reunión, etc, pero que podrían adquirir gran poder debido a las ideas radicales de los más jóvenes.
Alexandra A. Gutiérrez


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